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Historia del Puerto

La situación privilegiada de Tarragona desde el punto de vista topográfico y estratégico, más la existencia de una pequeña playa junto a la desembocadura del río Francolí, donde podían desembarcar barcos de poco tonelaje, ha sido la causa de que diferentes pueblos se asentasen en ella a lo largo de la historia.

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Los navegantes griegos iniciaron las primeras transacciones comerciales, aunque fueron los romanos los primeros que, ocupando la playa natural, construyeron un dique a lo largo de la roca más convexa acabado en martillo, donde se ubicó una torre-faro para guiar a los navegantes conocida con el nombre de Farelló, cuyos restos eran todavía visibles a mediados del siglo XIX. Los romanos edificaron también otro dique arqueado que se extendía desde el pie de la colina hasta la playa, impidiendo así que la dársena se inundase con los materiales arrastrados por el río.

En un primer momento el objetivo de los romanos era puramente estratégico. Con el tiempo, los intereses comerciales prevalecieron, además, la buena comunicación con el valle del Ebro y la proximidad con las Islas Baleares influyeron positivamente en el desarrollo del puerto de Tàrraco y en la expansión de los romanos hacia el interior de la Península. La época de más esplendor acaeció en el año 45 a.C. cuando Tàrraco pasó a ser colonia y su puerto un importante centro comercial de productos agrícolas como aceite, vino y trigo que se exportaban a cambio de cerámica, vidrio y productos manufacturados procedentes de Italia y del Norte de África.

planol2Después del abandono que sufrió el puerto durante las invasiones de los godos y los árabes, hasta la repoblación en el siglo XII, no se tiene noticia de ninguna obra ni actividad relacionada con el puerto. En cambio, a partir de esa fecha es cuando la ciudad de Tarragona empieza a interesarse por ofrecer un puerto en buenas condiciones y a la vez beneficiarse de las posibles operaciones comerciales.

En el siglo XIV y aprovechando los restos del puerto romano vuelve la actividad comercial impulsada en parte por las gracias concedidas por Pedro IV el Ceremonioso. Por otro lado la apertura de caminos hacia el interior (Montblanc, Valls…) facilitó la llegada de productos de esta zona al Puerto. Un privilegio del año 1484 confirmó los anteriores y concedió permiso a la ciudad para la construcción de un nuevo embarcadero, así como la habilitación perpetua del Puerto para el comercio. Se decidió construir entonces un dique bajo la dirección de una Junta, presidida por el Prelado y con representantes del municipio y del Cabildo catedralicio, que se encargó de imponer derechos sobre la carne, el pan y más tarde sobre el vino. Se exigió el pago de los mismos a todos los pueblos del Camp de Tarragona para poder comerciar en el Puerto. La negativa de los mismos desvió el tráfico hacia la rada de Salou en detrimento de Tarragona.

En el siglo XVI, la muerte de Fernando el Católico, la peste, las guerras internacionales y la piratería, paralizaron momentáneamente el comercio a través de Salou, favoreciendo, una vez más, la reanudación de las obras del muelle tarraconense; aunque con la imposición del Decreto  de Nueva Planta, por el que Tarragona fue nombrada cabeza de Corregimiento, es cuando verdaderamente se dio impulso a la reconstrucción del Puerto. La villa de Reus y otros pueblos de su entorno se opusieron a la idea, por lo que Madrid ordenó al  capitán Juan Ruiz de Apodaca la inspección de diferentes puertos de la zona, incluido el de  Tarragona.

En el informe del capitán Apodaca se expusieron las condiciones favorables de la rada tarraconense y la conveniencia de llevar a cabo las obras. En 1786 presentó su proyecto  que contemplaba la prolongación del antiguo muelle y la construcción de un nuevo dique. En junio de 1790 se inauguraron las obras previamente aprobadas, actos que fueron festejados solemnemente.

port3En el año 1799 Juan Smith fue nombrado director de las obras. Su proyecto consistía en prolongar el dique de Levante y construir un nuevo muelle interior separado de la población por una muralla. Fue también este ingeniero el encargado de redactar y diseñar el proyecto de la nueva población de la Marina y de hacer llegar agua potable al Puerto  gracias a un acuerdo con el arzobispo Mon y Velarde.

A lo largo del siglo XIX tienen lugar las realizaciones más importantes en el Puerto, exceptuando periodos concretos como la Guerra del Francés, la crisis de la filoxera y la pérdida de las colonias de Cuba y Filipinas.

En el año 1835 las obras del Puerto y su gestión pasaron a ser competencia del Ministerio de Fomento; la Junta Protectora fue suprimida y sus funciones las asumieron el gobernador civil y la Diputación. Desde el Ayuntamiento de la ciudad se consiguió la creación de una nueva Junta que solo estuvo vigente entre los años 1841 y 1846.

La situación se normalizó cuando a partir del 1869 se creó la Junta de Obras del Puerto con el encargo de administrar las subvenciones procedentes del Ayuntamiento, la Diputación Provincial y el Gobierno del Estado.

planol1A partir de esta fecha, y sobre todo a finales de siglo, es cuando se llevan a cabo las obras más importantes que contribuyeron a que el Puerto, poco a poco, adquiriera su fisonomía actual. Los recursos se gestionarán de manera más eficaz y las subvenciones del Estado se establecerán como una fuente de ingresos permanente. Coincidió además esta etapa con un aumento considerable del tráfico, especialmente en lo referente a la exportación de productos. Es la época del ingeniero Saturnino Bellido en la que se construyen el muelle de Costa, el dique del Oeste y  el Transversal.

port2En los primeros años del siglo XX la actividad constructiva quedó postergada a un segundo término ya que era primordial el equipamiento de las zonas ya existentes, la adquisición de grúas y maquinaria en general, pero también las obras de infraestructura como tinglados, almacenes y silos.

El Puerto de Tarragona intervino también en la construcción de los puertos de Cambrils, l’Ametlla de Mar y Salou ya que a causa de un decreto del año 1928 Tarragona quedó encargada de administrar y ejecutar las obras en aquellos puertos que, de este modo, pasaron a ser agregados al de Tarragona.

Tarragona es y ha sido un puerto pesquero, siendo la pesca una de las actividades económicas más importantes de la zona, tanto por el número de embarcaciones como por el valor de las capturas. La pesca se concentra alrededor del barrio del Serrallo.

También hay que tener en cuenta que al implantarse la industria petroquímica en los años sesenta, el Puerto se dotó de nuevas instalaciones adecuadas a sus necesidades, como los pantalanes para la carga y descarga de productos derivados del petróleo. Del mismo modo, se incrementaron las vías de comunicación, como el nuevo acceso al Puerto por el Eje Transversal.

Han experimentado también un cambio importantísimo los barcos, ya que se pasó de los buques de vela a los de vapor y de éstos a los grandes petroleros, portacontenedores y graneleros, tipificados según el tipo de mercancía que llevan. Esta diversificación ha comportado, a la vez, el desarrollo de nuevas técnicas de transporte, almacenamiento y manipulación de cargas: silos para cereales, tinglados frigoríficos, descargadoras automáticas, etc. Pero también se ha tenido que adaptar la infraestructura portuaria a las nuevas necesidades, aumentando el calado de los muelles o construyendo nuevas superfícies, como el muelle de Catalunya, el de Andalucía, el de Cantabria o el futuro muelle de las Islas Baleares. De este modo, cada muelle se ha ido especializando en un producto o tipo de mercancía concreta. A partir de los años 90 se han llevado a cabo obras infraestructurales de suma importancia, como el puente móvil, que une los muelles de Lérida y Reus, y los nuevos muelles de Cataluña, Alcudia, Navarra y Andalucía.

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No puede obviarse, al hablar del Puerto de Tarragona, el interés por la cultura y por la ciudad que ha demostrado esta institución a lo largo del tiempo. Fruto de esta relación ciudad-puerto es el Muelle de Costa, que se abrió al público en el año 1986 y que desde aquella fecha se ha convertido en punto de referencia para los tarraconenses.

La Autoridad Portuaria de Tarragona fue de las primeras en todo el Estado que creó un espacio para preservar y custodiar su patrimonio documental y gráfico: el Archivo del Puerto de Tarragona, y posteriormente, otro para el patrimonio museográfico: el Museo del Puerto.

Además, el Puerto, siempre ha dispuesto de espacios expositivos en los cuales artistas contemporáneos reconocidos han podido mostrar su obra y ofrecer exposiciones de vanguardia al alcance de aquellos ciudadanos interesados.